La sal marina es un bien escaso, aunque hay tanta como granos de arena en las playas. Sin embargo está prohibido por la OMS vender sal marina virgen. Toda la sal que se produce en el mundo es refinada, incluso la sal gorda o la que se etiqueta como sal marina virgen. Para vender sal, o cualquier otro producto alimenticio, el vendedor ha de pasar unos controles sanitarios. Estos controles han de certificar que la sal, en este caso, contiene de un 94 a un 99% de sodio. El sodio es el responsable de enfermedades cardiovasculares como la hipertensión arterial, cálculos renales, etc.
Pero "¿por qué la OMS exige a través del código alimentario que la sal lleve un mínimo del 94% de cloruro sódico?"
Rafa Benítez


