MUERE EL PAPA QUE QUISO SER UN LÍDER COMUNISTA

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Doce años ha durado el pontificado de Francisco I, de nombre secular Jorge Mario Bergoglio. Fue el primer Papa americano de la historia y también el primer jesuita que se sentaba en la Cátedra de San Pedro.


Si uno lee el juramento jesuita, no le queda más que rezar cuando un Papa jesuita ocupa el Vaticano. Y viendo la trayectoria de este Papa que quiso ser un líder comunista, no es de extrañar.



Amante y proclamador de la agenda globalista 2030, se vanagloriaba de reunirse con dictadores que martirizan a su pueblo. Y no es que un Papa como el jefe de estado que es, no pueda o deba reunirse con otros mandatarios. Pero al igual que la postura Papal en la Segunda Guerra Mundial donde apoyaba directamente a los socialistas alemanes, este Papa llegó a bendecir a Nicolás Maduro... (!). 




A diferencia de su antecesor Joseph Ratzinguer, que dejó el Papado apresuradamente, aunque hoy se sabe que mucho tuvo que ver la denominada "Mafia Lavanda", el Papa Francisco I mantenía una política Woke y era un fiel servidor de "el mandato  Soros", aunque de cara a la galería mostrase una imagen humilde y lóbrega, como buen jesuita, supo camuflarse entre la multitud para dar esa imagen de un Papa cercano al pueblo. Un pueblo que recibía el mensaje de "cuanto más pobre, mejor"



Los dos últimos Papas se han acercado demasiado a mafiosos, pedófilos y dictadores. No creo sinceramente que ese fuera el mensaje de Jesús de Nazaret. Pero los hechos no se cuestionan, y como dato vence a relato el Papa Francisco I no estaba libre de pecado. Quizás ahora se de cuenta de lo equivocado que estaba. 


Un Papa que defendía la mamarrachada del cambio climático, el poder financiero y las vacunas del Covid-19. Solo ha estado cerca del pueblo en imágenes, con un trono austero y llevar unos zapatos viejos y desgastados. La humildad no es vestir un calzado cedido, ni sentarse en una silla vieja. 




El Papa Francisco I lo que deseaba era convertirse en un líder político, a poder ser comunista, de ahí su desastrosa política financiera, o los casos de pedofilia que ha salpicado a la iglesia durante su mandato. Su sectarismo atroz tirando por la borda todo el bagaje moral que Juan Pablo II había conseguido acabando con todas las dictaduras del este de Europa. 





Las reuniones secretas que mantuvo con Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov hicieron que la apertura y caída de la Unión Soviética fueran una realidad.



No, Francisco I se ha dedicado a seguir la corriente Soros y someter a los fieles a ese sectarismo que hoy está viviendo Europa. Francisco I ha mantenido durante años una relación cercana con algunos de los regímenes más cuestionables del mundo, protagonizando actos especialmente controvertidos, como su visita a Fidel Castro cuando el líder cubano ya no ocupaba ningún cargo oficial. El encuentro tuvo lugar en la residencia del propio Castro, en un gesto que muchos interpretaron como una muestra de reverencia. Para agravar aún más la polémica, en ese mismo viaje el Papa declinó reunirse con representantes de la disidencia.





Lo más preocupante es que aquel controvertido viaje no fue un caso aislado. Francisco I ha cultivado relaciones privilegiadas con dictadores y figuras autoritarias, incluidos personajes tan cuestionables como Cristina Fernández de Kirchner. Siempre que ha tenido la oportunidad de actuar en favor del bien, la ha dejado pasar; en cambio, no ha dudado en alinearse, ya sea con palabras o con actos, junto a regímenes opresores. Ha expresado simpatía por la dictadura bolivariana, ha mostrado mayor cercanía con Rusia que con Ucrania, y ha colaborado con el régimen comunista chino. Incluso en el conflicto entre Israel y el grupo islamista Hamás, ha asumido sin reservas el discurso de estos últimos, a pesar de que han expulsado prácticamente a toda la comunidad cristiana de Gaza. En resumen, su postura a lo largo del tiempo ha sido tan sistemáticamente desacertada que se ha convertido en una brújula moral inversa: bastaba observar su posición para saber cuál era el camino equivocado.




El gran problema de este pontificado radica en una contradicción de fondo: es imposible creer sinceramente en Dios y, al mismo tiempo, adherirse a los postulados del comunismo, ya que, inevitablemente, se termina sirviendo a este último. La historia lo ha demostrado una y otra vez, y el propio Bergoglio nos ha brindado una nueva confirmación de esta incompatibilidad a lo largo de su mandato.



No puedo decir que descanse en paz, ahora deberá rendir cuentas y pagar su penitencia en una reencarnación que lo llevará a vivir el daño causado en esta vida.

Yo lo recordaré por un Ministerio vergonzoso donde pidió perdón por evangelizar a los infieles, besar los pies a musulmanes, donde exculpó los atentados de Bataclan y Charlie Hebdo porque “yo también te daría un puñetazo si te metes con mi mamá”,  por no visitar ni una sola vez España ni en el aniversario de Santa Teresa de Jesús afirmando que no vendría a España “hasta que haya paz” sugiriendo que se perseguía a catalanes y vascos, por tapar las esculturas del Vaticano cuando vino la delegación de Irán, por pedir perdón por las cruzadas en Tierra Santa y por sentar las bases para la destrucción de la mayor cruz de la cristiandad, como es el Valle de los Caídos, postrarse y besar la mano de los Rockefeller, Rothschild y todo el grupo BlackRock.

Sí, ciertamente el Papa Francisco cumplió fielmente el cometido por el que fue elegido: socavar aún más lo que queda del catolicismo, tocado de muerte después de él.

 

El karma existe y se arrastra de una vida a otra, y no hace falta matar, robar o malversar para que se pague el karma generado. Basta con causar daño a sabiendas. 


Rafa Benítez


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