SEMANA SANTA

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Llega la Semana Santa y como cada año las cofradías y las Hermandades sacan a sus figuras y tronos, siempre los mismos, para rememorar la pasión y muerte de Jesús de Nazaret.


Yo entiendo que quien sea religioso y no haya estudiado al personaje o se haya interesado lo más mínimo por saber qué fue lo que pasó y el por qué de su muerte, se haya informado a través de la televisión, el cine o la radio y sobre todo, la Iglesia.

 

Hace unos años por estas fechas las televisiones ofrecían una serie de películas de carácter religioso y otras que se centraban más en los pasajes bíblicos. Sin embargo, todas pecaban de lo mismo, incluso "La Pasión de Cristo" de Mel Gibson está adaptada de la Biblia. La Biblia Católica, no el nuevo testamento o los versículos apócrifos.  Estos fueron retirados del sagrado libro por orden del Papado. 


Pero ¿Qué es hoy la Semana Santa? 

Aparte de unas vacaciones en España, es rememorar un martirio y no una denuncia, un negocio inmenso en flores, bares, restaurantes y cofradías. 


Entiendo que uno abre un negocio para ganar dinero y estas fiestas son propicias, si hace buen tiempo, para el negocio. Pero siguiendo con el tema, se nos olvida que tras toda la parafernalia, el sufrimiento y finalmente la muerte. Había un mensaje que Jesús supo dar con su asesinato. 


Alguien dirá, sí pero resucitó, claro eso hizo. Pero no hablo de su poder místico o su divinidad. Si no de cómo con su muerte puso de manifiesto que por encima de todo existía una casta política y por desgracia, no hemos evolucionado nada en este aspecto, la sigue habiendo. 


Para entender esto  hay que trasladarse al año 30 de nuestra era, aunque muy bien podría ser la semana pasada de este año. Por aquel entonces quién cortaba el bacalao  en la Jerusalén del Imperio Romano sí, lo siento por los de izquierdas pero Palestina no existía, eran Anás y Caifás, yerno y suegro respectivamente. 


Pues bien estos dos elementos presidentes de Sanedrín paseaban escoltados por las calles del Imperio y cuando había multitud los escoltas se liaban a palos con los transeúntes para que pudieran pasar sin problemas manteniendo con el miedo a los fieles a sus leyes. Por otro lado estaba Poncio Pilatos que era el gobernador de Judea. Un hombre acomplejado que se desvivía en servidumbre a Tiberio César. Para no tener problemas en su gobernanza, los romanos se infiltraban en las calles de Jerusalén y cuando había alguna reunión de gentes en esas calles o plazas, apuñalaban a uno hasta la muerte y la gente huía despavorida. Así mantenía Poncio el control de la plebe evitando la insurrección. 


Entonces llega Jesús, que dice a la gente que Dios está en todos los hombres y que somos parte de él y como tal, somo dioses. Este mensaje  derriba todo el mensaje del Sanedrín, y qué hacen Anás y Caifás, le dicen a Poncio que Jesús habla en contra de Roma. El resto ya lo saben.


No hay que irse muy lejos para ver que el mensaje de Jesús en ese contexto dañaba la hegemonía del sistema. Hoy se puede aplicar ese mensaje en otro contexto y nos daremos cuenta de que nada ha cambiado. Lo mataron porque denunciaba un sistema corrupto y que sometía al pueblo a leyes injustas y que quien vivía bien eran ellos. 


La Semana Santa está equivocada, siguen el mensaje de la Iglesia Católica donde nos dice que Dios es ajeno a nosotros y se oculta el verdadero mensaje de Jesús, que nos dice que Dios está en nosotros y por tanto nosotros somos Dios. 


Y pasean unas figuras martirizadas como quien pasea la imagen de un hijo que ha tenido un accidente de tráfico y quedó destrozado. Yo creo que de celebrar ese acontecimiento me gustaría que mi hijo muerto saliera en imagen en su mejor momento, con su mensaje y no el de otros con oscuros intereses.


No obstante, la Semana Santa sea para bien o para mal es una semana de sentimientos y de recordar que hubo un hombre que supo ver más allá de lo que el sistema quiere. 


Y vino a despertarnos. 



Rafa Benítez

















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