Los síntomas de que una sociedad colapsa en todos los frentes se aprecia cuando esta misma sociedad está denigrada en lo moral, en lo económico, lo religioso, lo familiar y la educación.
En 1973 David Rockefeller solicitó a un destacado diplomático un estudio de cómo debería ser una sociedad sumisa y destruida en su seno. El estudio llamado NSSM 200 fue entregado en 1974, aunque el mundo lo conocería como El informe Kissinger.
Dicho informe contenía los pasos a seguir para llevar a una sociedad a una autodestrucción completa y sin retorno. Bombardeando el seno familiar y los valores tradicionales, el esfuerzo y el trabajo, se conseguía que la familia pasara a un segundo plano. Para ello se comenzó por emancipar a la mujer del núcleo familiar. Desvinculando sus funciones a una carrera laboral. Se aumentaron los precios y se congelaron los salarios de forma que se necesitaba otro sueldo para conseguir lo mismo.
Al carecer de una figura que guiara a los hijos, los padres ausentes por el trabajo, estos crecían inseguros y con baja autoestima, prefiriendo estar solos que relacionándose con más personas. Serían víctimas fáciles del sistema y presas de la tecnología que les permitiría contactar virtualmente.
Acompañados de una fuerte publicidad y una falsa identidad de que se puede ser joven y rico, los adolescentes crecen en un mundo que premia la mediocridad y penaliza a quien se esfuerza. Para ello, se emplean técnicas de ingeniería social.
Realmente a la Élite no le interesan los padres, estos son efímeros, pero los hijos son el futuro de esta sociedad.
Lo primero es distorsionar la imagen individual y la realidad potenciando el buenismo de la aceptación y la tolerancia, factores muy importantes ya que se basan en las emociones que causan y no en la razón ni el sentido común. Pasando de tener un cuerpo esbelto y cuidado a otro obeso que causa enfermedades y clientes para la industria farmacéutica. Para ello se usan las marcas de ropa, sí esas que cuestan medio sueldo, que compran los pobres para parecer ricos y que fabrican niños en Vietnam por un dólar al día.
Haciendo creer que es saludable este estado y sobre todo es empoderamiento femenino. Las revistas de moda y chismorreos, son regadas con cientos de miles de dólares para que cumplan con el mandato.
Toda una industria la servicio de modificar una sociedad que basa sus principios en las redes sociales e influencers subvencionados. Lo peor es que acompañan sus portadas con el eslogan "¡Esto es saludable!".
Aunque algunos medios tratan de hacerse eco de las aberraciones, no pueden competir con el bombardeo constante que reciben a través de televisión y redes sociales.
El siguiente paso es potenciar el feminismo, haciendo creer que la mujer está sometida a un sistema patriarcal machista. Desgarrando familias y relaciones. Desvirtuando los roles de sexo. Imponiendo la idea de que estos roles son opresivos, demonizando al masculinidad y trivializando la maternidad y el cuidado de los hijos. Creando la idea de una carrera profesional a costa de la familia. Donde la mujer puede hacer y deshacer sin mirar las consecuencias. Fomentando el concepto de que no pertenecen a nadie y que pueden decidir cuando y cómo vivir. Para ello el sistema pone a su disposición a la justicia que no las cuestiona. Creando un desequilibrio social que destruye hogares y familias que dejan a los niños sin modelos a seguir ni conexiones genuinas.
Estudios han demostrado que muchísimas mujeres que tienen estos conceptos, como el aborto, la carrera profesional la independencia social, padecen más de depresión y aumento de suicidio que aquellas que se dedican a la familia y además compaginan una actividad laboral.
En el caso de los hombres, la masculinidad ha muerto, la sociedad ve con malos ojos al hombre familiar y protector, prefiere al hombre afeminado, pasivo y sumiso en lugar de fuerte y asertivo. La masculinidad se ha vuelto tóxica lo que disuade a muchos hombres de asumir los roles naturales de líderes, protectores y proveedores. Esta guerra contra la masculinidad ha creado una generación de niños perdidos y padres ausentes debilitando los cimientos de la sociedad occidental.
El siguiente paso es crear una crisis de identidad. Para ello se introduce el concepto de género, que no de sexo, en las mentes más influenciables por medio de espectáculos, actores, cantantes e influencers. Y mientras la sociedad está en guerra entre sí por esta nueva identidad, la élite se dedica a hacer lo que realmente les interesa. Hacer más pobre a la sociedad a través de los complementos identitarios.
Además ante esta constante de identidad se acompaña con una masificación de la pornografía, normalizando las relaciones espontáneas y desvalorizando los lazos de amor y respeto hacia la pareja. Forzando que las nuevas generaciones crezcan con el concepto de que no es necesario tener una familia para tener relaciones sexuales. Los adolescentes cada vez más insensibles, ven como algo positivo la incapacidad de tener una experiencia íntima real donde prime el amor y no el sexo. Para las mujeres tener un canal en Onlyfans, un burdel camuflado de empoderamiento femenino, donde las mujeres monetizan sus cuerpos bajo la ilusión de independencia, cayendo en la trampa de la explotación que se presenta como libertad.
La guerra contra la fe, potenciando el materialismo y la imagen ficticia que imponen tanto la industria como las tendencias. Eclipsando el sentimiento más profundo del Ser Humano. Buscar un significado profundo desaparece en un lavado de cerebro donde prima el valor material.
La educación progresista ha sido vital para la destrucción de la sociedad occidental en las últimas décadas. Impulsando el pensamiento único en detrimento del pensamiento crítico. Las escuelas y universidades funcionan como centros de adoctrinamiento tergiversando la historia, los hechos y fomentando la ideología de izquierdas. Donde el individuo desaparece, su creatividad y su emprendimiento para formar parte de un colectivo sumiso y que no se cuestiona nada de lo que los medios dicen. Inculcando ideología de género, progresistas y desfavoreciendo el pensamiento independiente.
En definitiva, destruir el concepto de familia, imponer un pensamiento único de independencia y empoderamiento femenino, hace que el aborto se normalice como anticonceptivo y no permita que haya niños que sustituyan a las generaciones. Los severos impuestos y el costo de la vida hace que en Occidente sea muy difícil tener hijos y vivienda. Sin embargo no es lo mismo hacia otras culturas más sumisas como la musulmana que no atiende al aborto y nacen 8 niños por cada niño occidental. La tasa de natalidad occidental baja considerablemente mientras que las que vienen a occidente procedentes de áfrica principalmente, aumentan.
Y en una sociedad victimizada, donde prima el buenismo, la permisibilidad y el silencio. Está vendida a delincuentes y ocupas amparados por el gobierno, mantenidos por pagas e impunes ante la ley.
Occidente está sentenciado a desaparecer, empezando por Europa, que en breve será musulmana en menos de 50 años.
Rafa Benítez


