El jugo de naranja es alto en fructosa, un azúcar natural que, en exceso, puede tener efectos negativos en la salud, como aumento de peso, resistencia a la insulina y problemas metabólicos. El cuerpo procesa la fructosa de forma diferente a la glucosa, y su consumo puede llevar a la acumulación de grasa en el hígado y otros problemas.
En nuestra cultura el desayuno continental consta principalmente de café o té, leche y tostadas o bollería sin olvidar el zumo o jugo de naranja. Rico néctar rebosante de vitamina C, sobre todo cuando está recién exprimido.
Remedio natural contra resfriados y algunas molestias relacionadas con el frío. Sin embargo esconde un elemento que no es adecuado para el cuerpo.
La naturaleza no está diseñada para la vida tan globalista que llevamos y que hayamos incluido en la dieta frutas que son de temporada, no entraba en sus planes.
Precisamente porque el cuerpo humano no está diseñado para procesar correctamente la fructosa que contiene la naranja y las mandarinas y en definitiva el resto de frutas en mayor o menor medida.
Lo que hace la fructosa es que engorda, no se metaboliza como una glucosa (azúcar) de, por ejemplo, el pan, arroz, patatas o cualquier otro hidrato de carbono de absorción rápida. La fructosa se metaboliza únicamente en el hígado produciendo triglicéridos, que no es otra cosa que grasa en el hígado.
Claro que esto la industria alimenticia no te lo va a decir, y va a untar a profesionales de todo tipo para que bendigan las virtudes del zumo de naranja y mandarina. No ocurre lo mismo con el limón que tiene el efecto contrario, es decir elimina la grasa del hígado ya que apenas tiene fructosa, 1.4g por cada 100g y de igual manera la glucosa 1.4g y 0.4 de sacarosa. Frente a los 23g que tiene la naranja por cada 100g.
Pero entonces ¿Dónde está la mentira?
En el índice glucémico que mide la cantidad de glucosa en sangre, es decir lo que los diabéticos controlan. La naranja no sube el índice glucémico y con eso basta para decir que es una fruta saludable. No quiero decir con esto que no podamos comer naranjas, quiero decir que la naturaleza las creó en temporada para que en ese tiempo, es decir en invierno se puedan comer y disfrutar. Porque los tres meses que duran no son suficientes para causar un daño en el hígado.
El hígado es un órgano que tarda mucho en enfermar, pero también tarda lo suyo en regenerarse.
Otras frutas de verano también tienen fructosa, las fresas, las cerezas, el melocotón, el melón, sin embargo es tan poca que no interfiere en la función hepática. La mayoría de las frutas contienen entre 3g y 8g por cada 100 g de producto.
¿Es saludable comer fruta?
No en dietas de adelgazamiento, sin embargo sí con moderación y en temporada. El zumo de naranja en el desayuno perjudica tanto nuestro hígado como un trago de licor de 35%. Lo peor es que se lo damos a los niños pensando en que les beneficia y es un aporte vitamínico. Pero la realidad es que estamos convirtiendo a nuestros hijos en enfermos hepáticos sin darnos cuenta.
El país que más consumo tiene de esta bebida es quien inventó el desayuno a tal efecto, es decir los Estados Unidos y en un estudio reciente se descubrió que el 70% de los adolescentes estudiados habían desarrollado esteatosis de grado 1. Es decir, grasa en el hígado entre el 5 y el 33%
No sólo se le atribuye al zumo de naranja el grado de grasa hepática, influye la bollería industrial, las bebidas energéticas y la comida basura. Pero si además de todo lo que come un niño y un adolescente durante el día, lo comenzamos con una sobredosis de azúcar, un veneno llamado leche y una sobre carga de fructosa, el hígado comienza a sufrir ya desde la primera hora.
¿Y qué se desayuna?
Se ha demostrado que empezar el día con alimentos salados no solo son más saludables si no que contribuyen a una digestión más eficaz y por tanto el comensal obtiene más energía durante la mañana que cuando es dulce el desayuno.
Huevos, Jamón, Bacon, queso, mantequilla, tostada, por ejemplo, y como bebida te, café o una infusión no solo no engorda si no que ejerce un índice glucémico por debajo de 15.
La cosa está en si uno será capaz de soltar la creencia de que un desayuno continental rico en azúcar y fructosa es saludable y comenzar por otro rico en proteína que rebaja triglicéridos y colesterol aparte de quitar el hambre hasta el almuerzo.
Rafa Benítez







