Hace tiempo que vengo hablando sobre los apagones que recibiríamos en Europa. Sobre todo de Internet. Ya en 2016 en una conferencia sobre uno de mis libros, comentaba que se empezaría por apagones cortos, de unas 12 horas de duración, para pasar a otros más largos y contundentes.
Y es que el camino que está llevando Europa con su ley verde, digamos de paso que en mucho afecta a España, pone de manifiesto la inoperancia del sistema.
La obsesión de ser España la adalid ecológica del planeta, no ha hecho más que empeorar nuestra situación económica y productiva. La invasión silenciosa islámica que exprime los recursos a costa del contribuyente y el buenismo absurdo de la "cultura Woke", no hace más que agravar la situación.
El lunes 28 de abril, como ya saben, hubo un apagón eléctrico que sumió al país en un caos. No solo afectó a España y Portugal, si no también a Andorra, Suiza, Francia, Bélgica, Alemania y a Holanda. Sin embargo estos países solucionaron el problema con tal rapidez, que sus ciudadanos no notaron que se había ido la luz.
En España la cosa es diferente, como siempre, la presidente de Red Eléctrica, empresa pública que el PSOE se empeña en decir que es privada y hemos de entender que todo lo malo que ocurre aquí nunca es culpa del PSOE es de los demás, Beatriz Corredor, que sabe tanto de electricidad como yo de barcos, señora que cobra la friolera de 546.000 euros al año salió una semana antes diciendo que el sistema eléctrico de España es el mejor del mundo. Y los acólitos del gobierno negando la posibilidad de que esto sucediera.
Que los apagones están en la agenda de la Élite no me cabe la menor duda ya en la portada de The Economist en noviembre de 2024 para el año 2025 el apagón encabeza la imagen y tal como ocurriera con la portada de 2019 donde aparecía el pangolín, nos lo ponen en los morros y no lo vemos. Y es que la sociedad europea, pero sobre todo la española, está muy ocupada bailando ante un apagón.

Este gobierno se caracteriza por el abandono sistemático a sus ciudadanos. Lo vimos en la Pandemia, en Valencia, en Canarias y ahora en todo el país.
Rafa Benítez
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